La estudiante de Medicina, Zahra Habibi, hizo todo lo posible para sacar a su hermana mayor de Kabul, Afganistán, a comienzos de septiembre de 2021. Sin embargo, sus esfuerzos no quedaron ahí. Una semana después supo que los talibanes buscaban ahora a su hermana menor y a su familia por tener vínculos con Estados Unidos. Nuevamente, Zahra se lanzó en un complejo rescate junto a las autoridades de la Cancillería chilena para evitar el asesinato de sus parientes.

por Belén del Castillo, desde Santiago de Chile

Zahra Habibi es una luchadora. Cada martes y jueves por la tarde, después de haber asistido a sus clases de Medicina en la Universidad de Chile, se dirige a un gimnasio cerca de Estación Toesca, en la ciudad de Santiago. Allí, frente a un grupo de hombres con cinturones de diversos colores amarrados a la cadera, entrena Wing Chun, un tipo de arte marcial chino.

Pero estos no son los combates más duros que la joven afgana ha enfrentado en los últimos años, menos, este 2021.

“El año en que nací se cayó el Muro de Berlín, esa revolución siento que marcó mi forma de ser, rebelde y terca”, confiesa Zahra, en un español fluido y, a la vez, evidentemente foráneo, antes de comenzar su entrenamiento oriental. La estudiante tiene treinta y un años, pese a que su carnet de identidad chileno le otorgue un año más de edad. Desde el 2008 que reside en la capital, cuando llegó a los diecinueve y recién casada con el primo de su padre.

Antes vivía junto a su familia en Bamiyán, ubicado en el centro de Afganistán. En ese sector suelen habitar los hazaras, una etnia minoritaria y chiíta, a la cual ella pertenece. En la ciudad en la que nació,  donde todavía se encuentran sus padres, se construyeron durante el siglo V dos colosales Budas de treinta y siete y cincuenta y cinco metros. En sus rostros se apreciaban rasgos hazara, como sus rostros redondos y ojos almendrados.

Los talibanes, sin embargo, consideraban aquellas estatuas una ofensa. La adoración de otros ídolos religiosos es un acto imperdonable ante las leyes del Corán. Así, durante su primer gobierno en marzo de 2001, destruyeron las figuras con explosivos. Quince siglos de historia se redujeron a escombros en solo minutos. Esta fue la tarjeta de presentación del régimen talibán ante el mundo.

Después de seis años en el poder, los extremistas fueron derrocados a finales de 2001, tras la invasión de Estados Unidos a Afganistán que siguió al atentado de las Torres Gemelas de Nueva York. No obstante, el estado construido durante veinte años de ocupación militar cayó como un castillo de naipes cuando se inició la retirada del Ejército estadounidense en agosto de 2021.

Grupos radicales islámicos tomando control de diferentes zonas del país.

Simultáneamente, este grupo de radicales islámicos fue tomando control sobre diferentes zonas del país. De acuerdo a las estimaciones de las Naciones Unidas, en los próximos meses esta crisis provocará el desplazamiento de medio millón de afganos. Muchos todavía recuerdan la severidad con la que los talibanes aplicaron la sharia en el pasado, por lo que el miedo y horror se ha extendido por todo el país.

El 16 de ese mes, Zahra publicó en Facebook la frágil situación que atravesaba su hermana mayor, Zainab (32), quien se encontraba escondida en Kabul. Gracias a la intermediación de la Asociación Doctora Mamá, la joven logró hablar con el rector de su universidad, Ennio Vivaldi, quien a su vez la puso en contacto con el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Andrés Allamand.

Por dos semanas Zahra gestionó el plan de rescate junto a las autoridades de la Cancillería chilena. Como Chile no tiene relaciones diplomáticas con Afganistán, era fundamental que Zainab saliera de su país como fuese para luego entregarle un pasaporte chileno. La estrategia inicial era que tomara un vuelo hacia España, el cual estaba siendo organizado por una organización no gubernamental y donde viajarían otras cinco mujeres que corrían su misma suerte. Una vez fuera de Kabul, se dirigiría hacia la ciudad de Santiago.

Durante esos días, Zahra no durmió más de una hora y media por noche. En especial cuando Zainab le comentó su decisión final: no subiría al avión. Sus conocidos le habían aconsejado que no se acercara al Aeropuerto de Kabul: estaba siendo custodiado por cientos de talibanes armados. Optó por cruzar Afganistán en bus hasta llegar a la frontera con Pakistán. “Cuando me contó eso, sentí un balde de agua fría sobre mí”, enfatiza Zahra.

Por esa fecha, la alumna de Medicina debía rendir sus exámenes finales y cuidar de su único hijo, Arman, de ocho años. “A veces quisiera dividirme en tres, tener ocho brazos y poder hacerlo todo. Nunca creí que estudiar se me hiciera tan difícil, es lo único que siempre quise hacer. Y todo esta situación lo complicó todo aún más”, admite.

La vida de Zahra no ha sido ligera en el último tiempo. Se separó del padre de su hijo hace dos años y actualmente vive en la casa de su amiga, Gabriela Jiménez, y su madre, Mabel Bustos. “Ella es muy risueña, efusiva, tiene muchos amigos”, cuenta  Jiménez, “pero a comienzos del 2018, Zahra progresivamente empeoró. Llegaba a la Facultad cada vez más pálida, ojerosa y temblando”.

Afganistán
Kabul, Afganistán

Durante años Zahra sufrió violencia doméstica. En enero de 2019, la situación llegó a un punto crítico: su expareja la amenazó de muerte. Le quitó todo su dinero y le dijo que si no se marchaba en cinco minutos, le rompería todos los huesos de su cara. Estaba aterrada. Tomó su computador, dos libros, unas prendas de Arman y corrió hacia la calle.

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La madre soltera esquiva los golpes. Su pierna derecha gira hacia atrás. En una fracción de segundo, recibe un puñetazo por el estómago. Se dobla. El adversario le pregunta si quiere parar. Ella le sostiene la mirada, y mientras respira, jadea y resopla, sacude su melena, corta y castaña, en negación. El enfrentamiento continúa. 

Gracias a las colaboraciones diplomáticas entre funcionarios chilenos y argentinos que se encontraban trabajando en Medio Oriente, la hermana mayor de Zahra pudo transitar desde Pakistán hacia Emiratos Árabes Unidos, luego Francia y, finalmente, Chile. Los pasajes en avión y los test PCR que Zainab tuvo que realizarse fueron financiados por diferentes organizaciones civiles, como señal de apoyo a Zahra.

El 10 de septiembre las hermanas se reunieron en el aeropuerto de Santiago a las 10 de la mañana, luego de 13 años sin verse. Su alegría y sus sonrisas eran evidentes, aún estando cubiertas por mascarillas celestes. Querían abrazarse, contemplar en sus rostros el paso del tiempo, pero optaron por la prudencia y cumplir con las normas sanitarias y el distanciamiento físico.

En ese momento, Zahra reconoció que su hermana lloró por muchas horas seguidas y que había envejecido tempranamente. Zainab, a su vez, se sorprendió al verla a ella sin velo, con gafas y rodeada de altos funcionarios estatales. Arman, por su parte, luego de conocer a su tía, le entregó el regalo que había preparado: un dibujo con la bandera de Chile, rodeado de corazones. Tras el encuentro en un exclusivo salón del aeropuerto, los tres acudieron a un punto de prensa. Cuando los periodistas comenzaron a hacerle preguntas a Zainab, Zahra se acercó al micrófono y empezó a traducir al español las respuestas que su hermana decía, en persa.

Zainab fue la primera de una lista de 150 afganos que llegaron a Chile huyendo del régimen talibán, según explica Carolina Valdivia, Subsecretaria de Relaciones Exteriores. Valdivia, además, concluye que Zahra es una joven con “mucha, mucha determinación, valentía y amor por su familia”, luego de haberla acompañado por varias semanas en esta hazaña.

Zahra y su hermana.

Pero ese primer traslado no sería su único combate. Ocho días después del arribo de su hermana , mientras celebraba las Fiestas Patrias y disfrutaba de sus últimos días de vacaciones, Zahra se enteró de que otros parientes suyos también corrían peligro. Esta vez era su hermana menor, Soghra (30), su marido y sus dos hijas de cuatro y seis años quienes necesitaban su ayuda. Estaban siendo perseguidos y ya se habían cambiado de domicilio cuatro veces para evitar que los talibanes los encontraran.

“Los iban a matar”, explica  la joven. Su cuñado había trabajado como juez para el gobierno afgano y como prestador de servicios para la Embajada estadounidense en Kabul. “Para los ojos de los talibanes eso es traición”, explica . Sin tiempo que perder, Zahra volvió a comunicarse con sus contactos en Cancillería. La cuenta regresiva volvía a estar en marcha.

“Algo que siempre hice en mi vida, es no quedarme con ganas. Si me arrepiento de algo, que sea por haberlo hecho. Y soy terca, soy terca, soy terca. Eso es lo malo de mí”, recalca Zahra. Sin embargo, conseguir que su hermana Soghra y su familia pudiesen volar al extranjero desde Kabul considera que fue “lo más difícil que me ha tocado lograr en la vida”. Mucho más que el rescate previo de Zainab.

Zahra y los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores redactaron y enviaron cartas a embajadas de todo el mundo y a diversas organizaciones no gubernamentales en busca de ayuda. Sin embargo, en Afganistán, las cosas empeoraban día tras día. Las fronteras ya estaban completamente cerradas y los atentados contra la etnia hazara, aumentaban.

Además, si los radicales se enteraban de que Soghra y su marido tenían una visa de residencia norteamericana, serían ejecutados de inmediato.

“Mi hermana había perdido toda la fe, me decía que si Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, no podía ayudarlos entonces iban a morir. Todos los daban por muertos”, explica la estudiante. “Además, como yo estaba mandando correos a todas partes con su información personal, mi familia me dijo que los estaba poniendo aún más en peligro. Sus datos se podían filtrar a los talibanes”.

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Zahra se recuesta sobre una colchoneta en el suelo y apoya sus delgadas piernas en la pared. Cierra los ojos y respira profundo. En menos de dos minutos se reincorpora. Al pararse frente al espejo, extiende sus brazos hacia adelante, explosivamente. Repite el mismo movimiento, de ataque y defensa, una y otra vez.

Al igual que en la práctica de artes marciales, Zahra volvió repitió el mismo proceso para salvar a su hermana menor: exponerse a la angustia de no saber si el plan de rescate acaso resultaría.

Las ruinas de los Budas de Bamiyan

Las coordinaciones entre Cancillería y la Embajada argentina en Pakistán fueron piezas claves para el escape de sus cuatro parientes. “Gracias a ellos, una organización no gubernamental puso el nombre de Soghra, mi cuñado y sus hijas en una lista de personas a las cuales los talibanes no podían tocar porque habían trabajado en derechos humanos”, revela.

El 28 de septiembre, cuando Soghra y los demás llegaron al aeropuerto de Kabul, Zahra se mantuvo en vela toda la noche. El vuelo despegaba a las 10 pm, hora chilena, pero se atrasó por casi siete horas. Relata que “había puntos de control con talibanes armados en todas partes”.

Por la madrugada del día siguiente, Zahra se enteró de que un radical encontró los pasaportes con visa norteamericana de su familia. Los documentos fueron confiscados y durante media hora sus parientes estuvieron retenidos. Zahra, al igual que ellos, temió lo peor. Finalmente, el islamista regresó y les devolvió los papeles, sin decir ni una palabra. Al parecer, los talibanes reconocieron que Soghra, su marido y sus hijas estaban en aquella lista que les otorgaba inmunidad y respaldo internacional. No podían hacerles daño. 

“El 29 de septiembre, a las cinco de la mañana, recibí un mensaje. Me dijeron que la azafata estaba haciendo las señales de seguridad antes del despegue. Después no supe nada más. Estaba muy nerviosa. Han ocurrido veces en que los talibanes a último minuto bajan a las personas del avión”, cuenta.

Cinco horas después, recibió otro mensaje. Se trataba de una foto donde aparecía Soghra y su familia, junto a la bandera argentina, dentro de la Embajada del mismo país. Ya estaban en Islamabad, capital de Pakistán.

“La Embajada argentina en Pakistán nos ha permitido entregar los salvoconductos a la familia de Soghra Momeny para que pudieran permanecer en Islamabad y hacer abandono de dicho país sin problemas”, expone el Director de Asuntos Consulares, el embajador Julio Fiol. El diplomático chileno ha acompañado a Zahra en todas las luchas que ha librado por salvar la vida de sus cinco parientes.

El martes 12 de octubre, Zahra recibió otra imagen. Esta vez, sus familiares se encontraban en el Aeropuerto de Washington D.C. Los gastos de sus pasajes y de su alojamiento fueron financiados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Al llegar, los recibieron funcionarios de dicha oficina, quienes también les regalaron muñecas a las niñas y les sirvieron una cena con comida afgana.

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Al terminar la clase de Wing Chun, Zahra se inclina ante la puerta en señal de respeto y se dirige hacia una plaza cercana. Se sienta en una banca y rememora todas las hazañas que ha vivido desde que llegó a Santiago mientras peina su cabello azabache, descubierto. Los recuerdos la emocionan. Sus ojos color avellana brillan y por sus altos pómulos avanzan las lágrimas.

“Estoy rodeada de ángeles, todos están ayudándome. A mí, una chica extranjera que se quedó sin casa cuando escapé de mi marido, con un hijo de cinco años. Ahora tengo apoyo, tengo ganas de estudiar, tengo una familia, no lo puedo creer”, declara. Finalmente, luego de todos sus combates, la mujer afgana ha conseguido triunfar.

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Belén del Castillo

Belén tiene 24 años y es periodista chilena independiente. En 2016 ingresó a la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica, donde se desempeñó como ayudante de cátedra en el curso de Narración de No Ficción. También trabajó como redactora en la revista universitaria, Kilómetro Cero, realizando coberturas inéditas sobre el estallido social en Santiago de Chile. En 2020 realizó un diplomado en Periodismo Narrativo en la Universidad Portátil, donde también cursó varios talleres dirigidos por grandes referentes latinoamericanos. En 2021, mientras trabajaba como reportera en la sección de Crónica del diario La Tercera obtuvo el Premio de Periodismo de Migración por un artículo sobre extranjeros que combaten el coronavirus.