Por Roberto Herrscher
(Hasta la mitad está estrictamente basado en hechos reales)

Otoño de 2018

-Buenas tardes. ¿Hablo con don Roberto Pérez?

-Bueeeeno, digamos que sí. Tal vez le pasaron mal el apellido. Las vocales coinciden. Mi apellido es raro. Dígame.

-Le hablo de Jardines Edén de la Memoria, cementerio privado. Tenemos unas ofertas que tal vez le puedan interesar.

-Mire, cuando uno llega a cierta edad, estas cosas dejan de hacer gracia. Estoy en la edad en que mi abuelo murió de un infarto, la misma edad en que mi padre tuvo su primer ataque al corazón. Tal vez me esté llegando la hora y este llamado sea una señal, un aviso, no. ¿Es usted la parca?

-Usted me ofende, señor Pérez.

-¡No soy Pérez, se lo dije!

-Realmente estos temas son muy serios, no son para hacer bromas.

-¿Y usted me llama a mi teléfono particular, sin que le diera permiso, ofreciéndome un plan para mi muerte y se ofende si le hago un chistecito?

-No es necesariamente para usted, señor… señor. El plan de pago en cómodas cuotas permite estar preparados para la partida de un ser querido, que puede ser una persona de su familia de mucha mayor edad…

-Mi familia está en otro país. Y serán enterrados allí, donde vivieron toda su vida, en el edén de sus propios recuerdos. Y ahora que lo dice, creo que yo también quiero que me entierren en el lugar donde nací. Así que no soy su público meta, señora.

-Señorita.

-Disculpe, señorita. Le pido que quiten mi nombre de la lista de gente para asustar con el final de la existencia, la nada, el olvido eterno. No me llamen más.

-Será un gusto. Es usted un grosero.

-¡Pero, ¿sabe qué? estoy vivo y pienso estarlo muchos años más, me entendió! ¿Me entendió? ¿Hola? ¿Hola?

Primavera de 2018

-Buenos días.

-Buenos días, ¿don Roberto Pérez?

-Es del cementerio, ¿no?

-De los Jardines Edén de la Memoria. Queremos ofrecerle nuestros servicios…

-¿Pero no se anotaron mi pedido de la otra vez, que no me llamaran más?

-Disculpe, no lo teníamos en su ficha.

-¿Tengo una ficha? ¿Me tienen fichado entre los que necesitan vela, corona y lápida? ¿Y para cuándo es que me tienen anotado? ¿Cuándo me toca morirme?

-Es una expresión señor Pérez…

-¡Qué no soy Pérez!

-Disculpe. Nuestro objetivo es facilitarle…

-…la entrada al más allá.

-No, estos trámites que en el momento en que sucede el deceso suelen ser engorrosos, y muchas veces no se toman las decisiones adecuadas y se gasta mucho tiempo y dinero.

-¿Y no les parece que son como aves carroñeras que van rondando en círculos a los que se acercan a los ochenta, a los setenta, a los sesenta como yo? Que no hace falta que me lo recuerden…

-No tiene que tomárselo así, señor…. Señor.

-¿Y cómo es que me lo tengo que tomar? ¿Qué? Sí, son los mismos.

-¿Qué qué?

-No a usted no le digo. Es otra vez de la funeraria, amor. Sí, claro que les dije, pero me vuelven a llamar. No, no creo que sea necesaria esa amenaza. Ella es una mandada. ¿Hola? ¿Señora, está todavía ahí? ¿Ya colgó?

Verano de 2019

-Buen día. ¿Quién es?

-Buenos días, ¿con el señor Roberto Pérez?

-Jardines… espere, no me diga nada, yo solo me acuerdo. No estoy tan viejo y necesitado de sus servicios… era Jardines Edén del Paraíso, ¿no?

-Edén de la Memoria, señor Pérez.

-Es que no soy… bueno, no importa. Para usted, Pérez. Y veo que no anotaron que quería que no me llamaran más.

-Disculpe, no volveremos a molestarlo.

-Pero ahora que la tengo a tiro… y disculpe la mala metáfora respecto a una empresa que lucra con la muerte… tengo la curiosidad, ¿cómo les va en general con sus llamados? ¿Subió la demanda de sus servicios? ¿La gente piensa más en la muerte en esta crisis, se ven más cerca del final, quieren estar preparados?

-No damos esta información, y menos por teléfono.

-Ah, ¿si fuera a sus oficinas sí me mostrarían los datos de si crece o baja la preocupación por morirse y dejar las cosas atadas aquí abajo?

-Ese no es un lenguaje adecuado, este es un asunto serio, señor…

-… Pérez, señor Pérez. Sí, creo que ya la voy conociendo, señora o señorita. Usted según recuerdo no tenía mucho sentido del humor y le parecía que en estos menesteres el humor no tenía cabida. Yo sin embargo creo que a medida que nos acercamos a la última etapa de la vida, el humor es lo que nos puede salvar. ¿Usted qué edad tiene?

-No puedo darle esa información.

-Lo imaginé. Yo tengo 57. Cuando era chico ni siquiera me imaginaba que la gente podía llegar a esta edad. Mis abuelos eran más jóvenes de lo que yo soy ahora, y los veía como en las últimas. ¿Si uno no se considera tan viejo y le parece que va a vivir varios años más, ustedes le dejan pagar en más cuotas? ¿Cuántas cuotas?

-¿En qué plan está interesado Ud.? Le comento cuáles son…

-No, descuide, no le hago perder el tiempo. No tengo interés. Era una duda… digamos filosófica. Espero que le vaya bien. Buenos días.

-Pero señor Pérez… ¿Me escucha?

Invierno de 2019

  -¿Aló?

-¿El señor Roberto Pérez?

-El mismo que viste y calza. Es la señora mortuoria ¿no?

-¿Cómo dice?

-Yo me entiendo. Véndame su producto nomás. Hoy estoy de buen humor.

-¿No es la primera vez que lo llamamos de Jardines Edén de la Memoria?

-¿Pero usted no se acuerda de mí? ¿De las veces que hablamos? ¿Cómo representa al Edén de la Memoria y no recuerda lo que me hizo sufrir?

-Es que hacemos muchas llamadas al día, señor Pérez. ¿Entonces ya lo hemos llamado?

-Sí, y pedí que no me llamaran más. Pero ahora, con el paso del tiempo y la entrada en el último tercio de mi vida, les pido lo contrario: quiero que me llamen regularmente para ofrecerme sus servicios. Así sabré que sigo vivo, que tengo energía para contestar y protestar, que conservo el sentido del humor, que sigo siendo dueño de una cierta dosis de ironía. ¿Sabe? Creo que cuando se pierde la ironía se pierde todo. No es la esperanza, es la ironía lo último que se pierde. ¿Qué piensa Ud., señorita? Porque creo recordar que el año pasado, en una de nuestras amables charlas anteriores, usted me indicó que era señorita…

-Señora o señorita, como a Ud. le venga mejor. A mí me pagan por vender este producto. Entenderá que la extensión de esta conversación solo alarga el tiempo que tendré que destinar a conseguir cerrar mis contratos. ¿Ud. quiere contratar nuestros servicios, señor Pérez?

-Le pido que me llame en unos meses. Debo pensar si quiero estar preparado para mi partida o contratar un servicio para algún anciano de mi familia. ¿Sabe? Creo que el ofrecerle a uno contratar este sitio en los Jardines Edén de la Memoria… lo peor no es que te obliguen a pensar en tu propia muerte. Eso es lo de menos. Es que… al contratar el paquete de despedida para tu padre o madre o tío, un poco nos están obligando a matarlos. ¿Me entiende? Es comprar los clavos de su cruz. ¿Será que ustedes nos quieren transformar en asesinos? ¿Qué piensa, señorita? ¿Señorita, está ahí?

Finales de 2019

-Buenas tardes, con el señor Roberto Pérez por favor…

-Eh, ah, ¿qué hora es?

-Son las 16 horas con quince minutos. Le hablo de Jardines….

-Edén de la Memoria, sí. Lo recuerdo. Es que estaba durmiendo la siesta. Casi nadie llama sin avisar. Me tomé una copa de vino tinto y me entró la modorra. ¿A usted no le pasa? ¿Qué cepa le gusta? Este era un buen carmenére…

-La oferta de Jardines Edén de la Memoria está disponible solo por unos días y es muy conveniente. ¿Quiere escucharla?

-Sí, por favor cuéntemelo todo. Con lujo de detalles.

-Le cuento que sus arboladas señoriales en 85 hectáreas de parque constituyen un pulmón verde en la ciudad, lo que convierte a Jardines Edén de la Memoria en un verdadero homenaje a la naturaleza. Ha sido premiado como uno de los cementerios más hermosos de Sudamérica. Ofrecemos acogedores mausoleos con finas especies de árboles en jardines privados y exclusivos, cada uno con un escaño de piedra, una lápida de mármol de Carrara y si lo desea, una fina reja que favorece la privacidad e intimidad. Están ubicados alrededor de nuestra laguna que es un remanso de paz, y próximos al Oratorio apropiado para todos los cultos y credos. ¿Usted está pensando en una sepultura prime, que es la más recomendable?

-Estoy pensando en que dejé de escuchar desde que dijo lo del pulmón verde. Se olvidó de decir que nuestros restos putrefactos carcomidos por los gusanos son los que alimentan esa frondosa arboleda y el pasto tierno. ¿Se le olvidó lo del pasto tierno?

-El pack exclusivo incluye un coro o cuarteto de cuerdas, y acceso especial a la cafetería del parque con las más deliciosas tortas y café gourmet, y a la pérgola donde adquirir una rica variedad de flores. 

-¿Y el dolor, y el miedo, y el asco, y el vacío, y el agujero sin límites, y la náusea y el odio a la vida y a los malditos que no se derrumban y siguen con su vida? ¿No hay una cafetería o una pérgola o una tienda donde se puedas comprar antídotos contra todas esas cosas? ¿No venden en su pack exclusivo algo que sí sirva para que no nos muramos todos? ¿Para que no nos muramos de angustia y de terror a que se acabe todo y no quede nada?

-Lo que le mencioné, señor Pérez, es lo que Jardines Edén de la Memoria tiene para sus distinguidos clientes.

-Entonces, señora, señorita, lamento informarle que no me interesa. Buenas tardes, y mucha suerte con su siguiente víctima.  

Mediados de 2020

-¿Hola?

-¿Hablo con don Roberto Pérez?

-¡La parca otra vez! Pensé que con la pandemia del Coronavirus ya no tendrían que andar pregonando su producto. Pero claro, ahora todo el mundo crema… ¿Cómo se las arreglan para sus exclusivas ceremonias con música y cafetería en plena cuarentena?

-Yaaa… Me acuerdo de usted. Lamento haberlo llamado de vuelta. Usted no quería que lo llamemos. Me disculpo.

-Noto su tono más humano que las otras veces. ¿Qué le pasa?

-¿A mí? Nada. Como le decía, nos había pedido que no lo molestáramos y por eso le pido disculpas en nombre de Jardines Edén de la Memoria…

-¿Y ahora van a dejar de llamarme, cuando me estaba acostumbrando? En estos momentos en que todos los informativos abren con cifras de muertos, el gremio de ustedes está en primera línea. Yo no había reconocido la importancia de la función que ustedes cumplen. Señora… ¡era señorita! Debo agradecerle sinceramente el servicio que prestan a esta sociedad aterrada por un virus maldito que nos mata de la peor manera, como una tortura que te quita la respiración….

-Si es otra de sus ironías, no tiene gracia, señor Pérez.

-De ninguna manera. Hace ya dos años o más que nos conocemos, así que puede creerme. La situación cambió. Es con muy poca gente con la que ahora se puede hablar de la muerte. De los planes para después de morirse. De la ausencia de nuestros seres queridos. ¿Podemos seguir llamándolos queridos si están muertos? ¿Se puede querer a alguien que no está? ¿Se los quiere de otra manera, hay que decir que eran queridos? Dígame algo, usted vuelve a llamarme una y otra vez con un nombre que inventó para mí. Tal vez como los seres queridos, usted es la única en el mundo que me llama Roberto Pérez. Tenemos un pacto íntimo y especial.

-Usted… como se llame… está loco. Le garantizo que no lo llamaremos más. Y por favor deje de hablar. Lo último que tengo que hacer en este trabajo espantoso que necesito para alimentar a mis hijos es que me vengan con las historias que se le ocurren a usted. Adiós, hasta nunca, señor… ¡Señor! 

Comienzos de 2021

-Buenos días.

-Hola, ¿ya están los resultados del examen?

-Le llamamos de Jardines Edén de la Memoria, y queremos ofrecerle…

-¡Pero qué hijos de puta, ustedes!

-¿Cómo dice?

-Justo cuando estoy con la guardia baja, esperando los resultados de la PCR para saber si estoy infectado, cuando estoy entrando a edad de riesgo, con tos, con algo de fiebre, no mucho, ¿eh?, pero un poquito, para preocuparse… vienen ustedes y me ofrecen ya la tumba, Y yo pensando que eran los resultados del examen y… y…

-Cálmese, señor Pérez. No era nuestra intención molestarlo.

-¿Y a todo esto, usted quién es? ¿Cómo se llama?

-Soy José Luis, de marketing de Jardines Edén de la Memoria, y queremos ofrecerle…

-¿Y la señora que llamaba siempre? La de la voz grave, con un pitido de aire, como de fumadora, muy seria ella, ¿sabe la que le digo?

-¿Doña Matilde? Ella era la secretaria del director, siempre colaboraba llamando a los posibles clientes de la lista A. Doña Matilde murió el mes pasado.

-¿Murió? ¿De qué, de qué murió?

-De COVID.

-¿Y qué edad tenía? ¿Y cómo era?

Ella siempre colaboraba en las ceremonias y velatones en el parque, era como su casa. El director le decía que no debía exponerse, pero siempre estaba, era… como las lloronas en los velorios de antaño, ponía cara de compungida como si el deudo fuera algo suyo. Siempre me llamó la atención eso de ella.

-¿Y la enterraron en Jardines Edén de la Memoria?

-Nooooo… ¿cómo le parece? Eso es para ricos, señor Pérez. Ella está en el Cementerio General. No pudimos ir. La cuarentena, sabe… Y el director no nos dejó. Por el peligro…

-Entiendo, entiendo. Y una última pregunta. ¿Qué es la lista A?

-Eso se me escapó sin querer, señor Pérez. Disculpe. No estamos autorizados a revelarlo. ¿Alguna pregunta más? Imagino que no va a contratar nuestros servicios… ¿Señor Pérez? ¿Señor Pérez, está ahí?